Una tarde muy calurosa, un león dormitaba en una cueva fría y oscura. Estaba a punto de dormirse del todo cuando un conejo se puso a corretear junto a su hocico. Con un rugido iracundo, el león levantó su pata y aplastó al conejo contra el suelo. -¿Cómo te atreves a despertarme? -gruñó- Te voy a espachurrar. …”