Harta de buscar por todo el bosque el atajo que el ladino Lobo le había propuesto, Caperucita se sentó a la sombra del más frondoso árbol que encontró. Entonces el perverso lupo -que también hacía horas que digería a la Abuela sin que se dignara a aparecer la niña con su cesto de frutitas para el postre- …”